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"Los proyectos espaciales necesitaban construir bases en España"

Entrevista
Nacional
Alberto Martos es uno de los referentes en las misiones espaciales con colaboración española
Alberto Martos en el jardín de su vivienda durante una reunión de investigación || Xataka
Equiparado a la Circunnavegación de Magallanes y Elcano, el de Alberto Martos es uno de esos casos en los que la labor española ha sido, y sigue siendo, importante para el desarrollo de la historia de la humanidad. Y es que hace 50 años, cuando millones de personas miraban al hombre pisando la luna por televisión, no se paraban a pensar en el ejército de hombres repartidos por todo el mundo que velaban por la seguridad y el éxito de Aldrin, Armstrong y Collins. Algunos de ellos desde California, pero también desde Canarias y Madrid. El ingeniero de telecomunicaciones Alberto Martos narra con fresco recuerdo esos gloriosos años en los que las misiones espaciales contaron con la imprescindible labor española.

Fue un profesor quien le animó a que se adentrase en mundo de las estrellas, los planetas y los astronautas. Por aquellos primeros años en la década de los sesenta, un joven Martos estudiaba en Madrid Ingeniería de Telecomunicaciones: “Prácticamente estudiábamos con transistores, unos elementos que para la época estaban fuera de uso –recuerda–. Con válvulas termoiónicas que probablemente tú ni las has conocido”.

Saber inglés mejor que el Padre nuestro

 De su primera experiencia laboral en NASA habla con cariño y sinceridad, y es que, desde principios de los sesenta, españoles y americanos trabajaban codo con codo en las Estaciones Espaciales de Maspalomas (Gran Canaria), Robledo de Chavela y Fresnedillas de la Oliva (las dos en Madrid). En esta última comenzó a dar sus primeros pasos como técnico de telecomunicación. “Mis inicios fueron un poco turbios porque mi inglés británico no tenía nada que ver con su inglés americano, –comenta entre risas– parecía que hablaban con una patata en la boca y el idioma era el primer requisito que pedían para trabajar en las estaciones. Los americanos seguían una máxima que era: ‘si tú sabes inglés, nosotros te podemos enseñar electrónica. Pero si no sabes inglés no te podemos enseñar nada, así que vuelve cuando lo sepas’. Me costó mucho trabajo, pero al final lo logré. Para mí fue una satisfacción que no me echaran de allí por no entender”.

Por aquel entonces los ingenieros de NASA y del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (sus siglas INTA), conocido por ser el organismo que lleva a cabo las labores de la agenda espacial en España, realizaban una labor clave para los astronautas que en ese momento estuviesen de misión.

Bienvenido Mr. Mashall

Debido a la amistad interesada que compartían D. Eisenhower y F. Franco, muchas personas se han preguntado si el papel que jugó España en las misiones espaciales tenía relevancia para la comunidad científica o era solo una labor diplomática. Martos, que después de la Estación de Fresnedillas trabajó para NASA en el Complejo de Comunicaciones del Espacio Profundo de Robledo de Chavela, en la Estación especializada en Satélites de Observación de la Tierra en Maspalomas y finalmente en la Estación para Comunicaciones con Vehículos Espaciales de la Agencia Espacial Europea (sus siglas ESA) en Villafranca del Castillo (Madrid), conoce a la perfección la respuesta. “La posición privilegiada que tiene España en la geografía mundial fue lo que determinó, entre otros factores, que los proyectos espaciales necesitasen construir bases en España”, asegura.

 Una vez seleccionado el país, EE. UU estudió el terreno español para encontrar el sitio idóneo donde situar sus bases. Madrid fue el sitio elegido. “Al principio los americanos llevaban todo el peso y España lo único que ponía era el terreno y los empleados. A NASA le interesaba que las estaciones acabaran siendo tripuladas por españoles porque el personal americano le costaba mucho dinero. Aquí venían con un sueldazo para instruirnos. También les pagaban el colegio de los niños y el sueldo a las mujeres que se quedaron allí. Es decir, que los americanos no tenían demasiada prisa por entrenar a los españoles

 Pifias espaciales

Partiendo de la icónica misión del Apollo, Martos cuenta otra experiencia similar que le tocó vivir ni más ni menos que con el proyecto del Telescopio Hubble. “Durante mucho tiempo se dijo que los satélites militares americanos podían llegar a retratar el titular del periódico que en ese momento un moscovita estaba leyendo en medio de la Plaza Roja. Este hecho fue una mentira flagrante de la propaganda, porque cuando se lanzó el Hubble subió con un defecto importantísimo en sus espejos. Sus primeras imágenes enfocadas hacia saturno no mostraban un pimiento. Se sabe que la empresa que lo construyó tuvo un error en el programa de pulido que afectó a los espejos. Fue una misión muy larga y el coste de reparación ascendió a una buena suma de dinero. Al final ha acabado siendo el telescopio que más información ha recogido en la historia de la astronomía”.

 Viejas y nuevas glorias

A día de hoy, España colabora activamente con los proyectos espaciales de NASA y ESA. Ejemplo de ello es la Estación de Robledo de Chavela, una de las más activas ubicada en un pequeño pueblo de la sierra de Madrid. Desde sondas, a naves o satélites, son más de treinta los proyectos en los que participa la estación actualmente. Algunos están operando desde los años setenta, como es el caso de la nave Voyager.

Estación de Robledo de Chavela, en plena sierra de Madrid || CC-BY-SA

Entre las misiones actuales también se encuentra a la PSP (Solar Probe Plus) de la sonda solar Parker, conocida por ser la primera misión que se adentra en la corona solar para tomar imágenes del Sol que permitirán comprender su actividad. Otro complejo de comunicaciones activo es el de Cerberos. Como explica el ingeniero “se están construyendo dos antenas nuevas más pequeñas con la idea de acabar desmontando instalaciones antiguas. Es el caso de una de las mayores antenas con las que contamos en Madrid. Su mantenimiento es muy costoso y se obtiene la misma información que con las nuevas más pequeñas”

Respecto a la próxima carrera espacial que se vivirá en 2024 con el lanzamiento de la primera mujer a la Luna, pide un deseo a las autoridades: “Me gustaría que la humanidad fuera capaz de entenderse dentro del marco del derecho espacial, y, en vez de hacer lo que hemos hecho en la Antártida donde los países no colaboran, hacerlo en la Luna como equipo”.


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