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El no a los toros, ¿ejercicio de censura o evolución?

Editorial
Culturas
Toro de Lidia en el ruedo.
El 26 de enero de este año, el Gobierno aprobó la creación del Bono Joven Cultural. Se trata de un vale de 400 euros dotado de un gasto aproximado de 210 millones en los Presupuestos Generales del Estado. Su objetivo es el de potenciar el consumo de la cultura por parte de los jóvenes, destinado al uso exclusivo de adolescentes que cumplan 18 años este 2022.

 

Según el INE, hasta 454.591 personas podrán disponer de esta cantidad para gastarlo en diferentes bienes culturales, existiendo cierta diversidad en las opciones que ofrece el cupón, como son los libros, el teatro, el cine o la danza, por ejemplo. Este tipo de vales son comunes en otros países como Italia, con un presupuesto de 500 euros, y en Francia (denominado ‘Pass Culture’) de unos 300.

La polémica comienza en el momento en el que se convierte en posibilidad el hecho de excluir del bono actividades taurinas. El Ministerio considera que la tauromaquia es cultura, tal y como lo aclara la Ley 18/2013 del 12 de noviembre con la regulación de la Tauromaquía como patrimonio cultural. Unidas Podemos, grupo que se atribuye la iniciativa, se alejó de la propuesta de añadir los toros en el abono cultural juvenil, mientras que otros partidos políticos, como el Partido Popular, sí que estaban a favor. La tauromaquia, aunque sea considerada cultura, no necesariamente tiene que formar parte de este bono. Esta idea es también la que sostiene el ministro de Cultura y Deporte Miquel Iceta.

Esta propuesta no ha sido bien recibida por el público taurino, y varias fundaciones han llevado a cabo medidas. Así, ‘La Fundación de Toro de Lidia’  presentó el pasado 4 de febrero de 2021 alegaciones al Proyecto de Real Decreto para que se incluyeran los espectáculos taurinos dentro de las actividades subvencionables. Victorino Martín, presidente de esta fundación, emite su opinión ante Europa Press y reivindica que el sector taurino merece esta ayuda al ser uno de los propósitos de la nueva iniciativa el apoyar a las industrias culturales más afectadas por el Covid, con una reducción de más del 89% de los festejos mayores en 2022. Chapu Apaolaza, el portavoz de la Fundación Toro de Lidia, reitera y concluye que no incluir la tauromaquia sería proceder de forma discriminatoria con el sector, además de tildarlo desmesuradamente como ‘un escándalo de dimensiones cósmicas’.

Se ha comprobado que desde siempre, en España, la figura del toro ha sido básica y propia, además de identificativa. No obstante, desde hace muchos años, cada vez la personalidad del antitaurino está más presente en la sociedad. La cuestión es si los toros son cultura o solamente es una tapadera del dolor del animal, basándose en la tradición de un público espectador que busca la sangre y el sufrimiento como una manera de entretenimiento.

El hecho de que un acontecimiento o espectáculo sea tradicional, no quiere decir que este sea positivo en la actualidad ni que deba perpetuarse. Así, Pedro Sanchez anunció que el abono cultural es una política coherente de apoyo a adolescentes para, además, “acercar a los jóvenes aún más a la cultura de nuestro país”. El panorama social actual señala que, en lo relacionado a la tauromaquia, cada vez tienen que tener menos acercamiento y no considerarla arte. Incluso, el Tribunal Supremo, órgano en la cúspide del poder judicial español, establece que la tauromaquia no puede ser considerada arte. Su acción no puede registrarse como una obra objeto de propiedad intelectual, al no ser posible identificar con precisión y objetividad en qué consiste la creación artística original.

En la actualidad la tauromaquia es patrimonio cultural y, como indica Iceta, no es una opinión. Pero, ¿no se tiene en cuenta que es la opinión de la sociedad la que está cambiando?

 

 

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