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"El movimiento estudiantil también es una escuela"

Entrevista
Educación y Ciencia
Aníbal frente a la estatua de Miguel de Cervantes en el patio interior del campus de Vicálvaro de la Universidad Rey Juan Carlos
Valverde frente a la estatua de Cervantes, uno de los puntos de encuentro de las protestas universitarias. Paula Fernández
Pasa-clases, concentraciones y huelgas. Cuatro años de trabajo han convertido a Aníbal Valverde en un símbolo de las protestas estudiantiles en Vicálvaro. Ya alejado de la universidad, repasa lo que ha dado de sí su paso por la lucha por los derechos educativos

En las desventuras comunes se reconcilian los ánimos y se estrechan las amistades, escribió una vez la pluma de Miguel de Cervantes, la misma que se yergue en el patio central del Campus de Vicálvaro. La cobriza figura del escritor del siglo XVI ha sido testigo de muchas de esas comuniones estudiantiles y de sus problemas: con frío y con calor; amoríos, exámenes… y protestas.

Un chico enciende un cigarro a sus pies. Se hace raro encontrarle sentado a su sombra después de años viéndole subido a su pedestal, organizando concentraciones y poniendo su voz a proclamas encendidas. Aníbal Valverde, estudiante de Historia y Ciencias Políticas, conoce bien esas “desventuras comunes” de las que hablaba Cervantes: los cuatro años que ha dedicado al movimiento estudiantil de Vicálvaro en el Concejo de Estudiantes y los anteriores en su instituto de Parla le han permitido acercarse a ellas. 

Mientras suelta el humo recuerda las que llenaron ese patio en el que ahora empieza a quemar el sol. La concentración más grande que se le viene a la cabeza es la organizada para evitar el cierre y traslado de grados. “Querían cerrar una rama completa de carreras. También un grado como el de Igualdad de género, cuando la Rey Juan Carlos era la única universidad pública en todo Madrid que la tenía. Nos tocó muy de cerca”, cuenta extendiendo el brazo para señalar la multitud.

Habla de la masificación,del tasazo, el “3+2” y de Bolonia. Pero hay un elefante en el patio, uno de esos temas que no se pueden dejar de nombrar en la sede de Madrid: el caso Máster. Los supuestos tratos de favor hacia Cristina Cifuentes y otras personalidades políticas tambalearon la credibilidad de la universidad y sacaron a las calles a cientos de estudiantes. “Coincidieron dos factores: por un lado, que fue muy sangrante para nosotros. Los estudiantes tenemos temas que nos interesan y que nos preocupan más, que nos dan dolor de tripa. Por otro, que fuera un tema de interés público, lo que juntó a muchos medios de comunicación”. Así explica las más de mil personas acudieron a las protestas, incluso gente del propio barrio. 

Estudiantes se manifiestan en el patio del campus de Vicálvaro con una pancarta contra el caso Máster

Estudiantes de la Universidad Rey Juan Carlos se manifiestan con motivo del "caso máster". Aníbal Valverde

También se acuerda de esa “clase obrera” de Vicálvaro que apoyó entonces y otras tantas veces al movimiento estudiantil. “Es realmente una suerte que estemos aquí, dentro de un barrio tan reivindicativo como ha sido y es Vicálvaro”. Los vecinos y vecinas han acompañado huelgas, charlas, encuentros, tejiendo una red de reivindicaciones. “El barrio se ha portado muy bien con nosotros, y nosotros, dentro de lo posible, hemos intentado devolver ese favor”.

Picos y valles 

Los exámenes pasan, las carreras se terminan y, con ellas, la participación de parte de la gente que forma los colectivos. Estos altos y bajos, dice, son uno de los grandes problemas del movimiento. El otro, la desmovilización general en la sociedad: “Hay gente -dice señalando los carteles de la Vikalvarada-, pero es un problema general de la izquierda. La única movilización grande y potente es la del movimiento feminista. No hay más que ver las concentraciones en Madrid”. Un momento “valle” que se une a las trabas que, explica, pone la administración para la organización estudiantil.

Pero incluso en las acciones exitosas también hay sombras. “Hemos tenido manifestaciones muy grandes, pero son el pico. No somos capaces de mantenerlo después. Eso provoca mucha desilusión”. Reconoce que muchas veces esto sucede por establecer objetivos maximalistas en vez de centrarse en las pequeñas victorias y pensar en la hoja de ruta a largo plazo.

Este desencanto tiene sus consecuencias. La más personal, cuenta, es quemarse. “Te tiras un mes y pico currando muchísimo y dices no puedo más, no puedo seguir en este nivel. Tienes que meterte un ratito en la nevera, porque si no acabas con la cabeza hecha trizas”. El desgaste no le ha impedido nunca volver, tejer alianzas con el resto de colectivos y defender una universidad pública, gratuita, laica y feminista.

Moverse

Ya con la colilla consumida en la mano, Aníbal hace balance de su paso por el movimiento universitario. Curiosamente, se acerca a Cervantes en su cita: considera la colaboración, el aprendizaje mutuo y trabajar con nueva gente con las mismas inquietudes la mejor parte de la lucha. Con todo esto a sus espaldas -y también con las cosas malas- sigue apostando por la organización y la lucha. “Como decía Rosa Luxemburgo, quien no se mueve no siente las cadenas. Si cedemos la lucha, la van a ocupar otros que no responden a nuestros intereses.No debemos desanimarnos nunca ”. Moverse porque cambiar el mundo, amigo Sancho, no es ni utopía ni locura, es justicia.


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