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Cuando la política es un problema

Reportaje
Nacional
La desconfianza política es una de las mayores preocupaciones de los españoles junto al paro y la corrupción

 

El hecho de que los ciudadanos están descontentos con la situación política y económica del país parece innegable. Según el último barómetro del CIS, correspondiente a enero de 2013, un 77,4 % de los entrevistados consideran que la situación política del país es mala o muy mala. Además, el 90% considera que la situación es igual o incluso peor que el año pasado.
 
Este descontento parece apreciarse no sólo sobre el papel, sino que también ha sido un detonante para la movilización de los españoles. Desde 2010 se han llevado a cabo cuatro huelgas generales de las once totales que han tenido lugar desde que se instaurase la democracia constitucional en 1978. Cuatro huelgas generales que se han convocado en solo tres años, lo que muestra una frecuencia mucho mayor que en ningún otro período de nuestra historia.
 
Sumadas a estas protestas, están las movilizaciones online, a través de portales como Change.org, que se han ido incrementando desde el comienzo de la crisis económica, política y social por la que está pasando el país. Unas movilizaciones que, en último término, demuestran la fuerte desconfianza que ha surgido hacia el político y la política.
 
Muchos han podido ser los motivos que han llevado hasta este nivel de descontento y desengaño con la política. Jaime Hormigos, sociólogo y profesor en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, cree que el desencadenante ha sido que “se ha unido todo lo que tenía que ver con la crisis económica y la mala gestión política con los casos de corrupción”. Además, refuerza su punto de vista con el barómetro del CIS: “Si miramos los últimos estudios, la opinión de los ciudadanos con respecto a la clase política es muy mala”. Los españoles consideran a los políticos como una de las principales preocupaciones del país. Según estos datos, el principal problema por el que está pasando el país es el desempleo (con un 80.9% de los votos). Un 30.2% de los ciudadanos encuestados consideran que  los partidos políticos y sus representantes son el otro mayor problema de España. Tanto es así, que los españoles suspenden a todos los líderes políticos de todos los bandos y a todos los miembros del Gobierno. Un 17.7% de los encuestados cree que el problema del país es la corrupción y el fraude, un tema también muy relacionado con el mal uso del poder.
 
Ramón Martínez, coordinador LGTB del Partido Socialista de Madrid, afirma que “se están premiando los intereses de las grandes empresas, que son los bancos”, y de entre estos “los bancos alemanes” y lo apunta como la causa de la mala visión de la política, ya que cree que es la mala gestión lo que lleva a la desconfianza. 
 
Marcos Quesada, estudiante de Ciencias Políticas en la Universidad Autónoma de Madrid, matiza un poco más y añade que la causa principal de ese descontento es “el impacto que tienen todas las medidas políticas que se están llevando a cabo en relación con el paro, los desahucios…”. Además, explica que “normalmente el 90% de las propuestas que se hacen en la participación ciudadana, día a día, son totalmente desoídas”. Y destaca no solo que sea un desencadenante para el escepticismo político, sino que también “crea una situación bastante grave en lo que es la legitimación de la democracia”.
 
El largo proceso de recuperación de la confianza en la política es un asunto no solo del gobernante, sino que es tarea de todos los ciudadanos. Eso apunta Ramón Martínez cuando explica que, desde su punto de vista, “lo que hay que hacer es recuperar el sentimiento político de participación del ciudadano”, pues considera que el ciudadano medio se siente desligado de la política, pero que debería sentirse “tan político como cualquier político”.
 
En esa misma línea, Marcos Quesada añade que, como primer paso para este objetivo, el gobierno “debe escuchar a los sindicatos, debe escuchar a las plataformas, a las asociaciones de consumidores, a las asociaciones profesionales… porque son un medio de participación”.
 
Jaime Hormigos cree que la solución a la desconfianza en la política radica en “la capacidad del gobierno para gestionar mecanismos alternativos que sean capaces de resolver los problemas sociales importantes a día de hoy”, es decir, una nueva forma de hacer política y de gestionar los recursos. Además, quiere descargar responsabilidad de los hombros de los mandatarios, ya que “muchas veces el político se presenta como un regidor local, pero realmente deberíamos abrir mucho más esa visión y saber ver que muchas de las políticas (...) vienen impuestas por Europa”.
 
¿Tendremos más confianza en el futuro?
Una vez más, los datos del CIS no parecen muy optimistas con respecto al futuro de la situación política, económica y social del país: el 76,7% de los ciudadanos considera que, en un futuro, la situación será igual o peor.
 
Jaime Hormigos cree que “es complicado que mejore la imagen del político de aquí a corto o medio plazo”, pero ve un halo de esperanza en “esa nueva generación de políticos que ha vivido con la crisis, se ha formado con la crisis y pueden buscar alternativas y soluciones”.
 
Por su parte, la opinión de Marcos Quesada se basa en que “mientras el sistema sea el mismo, da igual el político que nos gobierne porque los problemas seguirían siendo los mismos, aunque se tomen políticas diferentes”. A su juicio, el problema está no tanto en los gobernantes como en el sistema político actual, y el cambio de sistema sería la única forma de mejorar la política.
 
Finalmente, Ramón Martínez opina que la solución pasa por el equilibrio entre las fuerzas, y que si no hay grupos políticos fuertes en gobierno y oposición, se puede llegar a “un parlamento en el que no hay capacidad para formar un gobierno”, y por tanto, de realizar una buena gestión.
 
Así, tras todos estos datos, parece que el problema de confianza ciudadana no se reduce sólo a los políticos. El término PPSOE, que se popularizó en las pasadas elecciones, es otro indicador de que la sociedad no cree que un cambio de partido suponga un cambio de política. Solo el futuro dirá si el político volverá a ganarse el respeto de aquellos que le votan.
 
 
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