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Armas de mujer

Reportaje
Género
Mujeres del Ejército Británico
Mujeres del Ejército Británico. Foto: Simon Longworth/Flickr
¿Qué presencia tienen las mujeres en las Fuerzas Armadas? ¿Qué papel pueden jugar en la paz y la seguridad internacionales? Un equipo de la Universidad Rey Juan Carlos lo está estudiando con el respaldo de la OTAN.

El Día Internacional de la Mujer, celebrado el pasado domingo, coincide con un repaso mediático de los retos a las que todas ellas se enfrentan en su vida cotidiana, y también de ejemplos de mujeres en tantos y tantos sectores antes monopolizados por los hombres.

Pocos ámbitos están tan ligados al género masculino como el ejército. El combate, la fuerza bruta, la muerte: elementos identificados con el varón y con la supuesta agresividad que le caracteriza. Pero no solo este estereotipo es erróneo, sino que también es un anacronismo definir los ejércitos en estos términos. En tiempos en los que las Fuerzas Armadas se han profesionalizado y son cada vez más intensivas en capital —al ser crucial la tecnología, como demuestra el boom de los drones—, nuevas habilidades son requeridas y la capacidad física ya no es tan relevante. Las mujeres, que históricamente estaban relegadas dentro del ejército a la enfermería, reivindican hoy allí su lugar.

En el año 2000, el Consejo de Seguridad aprobó la resolución UNSCR-1325 “sobre la mujer, la paz y la seguridad” en la que se reafirma el importante rol de la mujer en la resolución de conflictos y los procesos de paz. La resolución resalta la importancia de la igual participación e implicación de la mujer en la paz y la seguridad internacionales.

Hoy, quince años después de su adopción, un equipo de docentes y estudiantes de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Rey Juan Carlos, en Vicálvaro, en colaboración con la OTAN y la Comisión de Derechos Humanos de Australia —socio destacado de la OTAN—, está analizando los datos recopilados por la Alianza Atlántica sobre la implementación de la Resolución 1325.

La ley de su lado, no aún las cifras

Todos los países occidentales recogen la igualdad de género en sus Constituciones y legislación. En la actualidad, las mujeres pueden acceder a la práctica totalidad de puestos dentro del Ejército en casi todos los países de la OTAN. No obstante, incluso en 2015 se repiten ciertas restricciones. Para algunas se dan razones logísticas, como son las relacionadas con los submarinos. Para otras, las excusas ya no resultan tan convincentes: por ejemplo, en un país como Reino Unido las mujeres no pueden aún formar parte de los cuerpos militares destinados “a combatir cuerpo a cuerpo y matar al enemigo”. No obstante, puede que para 2016 las mujeres también puedan empezar a ocupar puestos de combate.

En España, las restricciones a la participación de la mujer en el Ejército desaparecieron por completo durante los ochenta, siendo en 1988 cuando se alistó la primera de ellas —quien, por cierto, se convertiría en 2009 en la primera teniente coronel—. En 2013, 15.113 mujeres formaban ya parte del Ejército español, suponiendo un 12,4% del total. España se encuentra ligeramente por encima de la media de la OTAN, que se sitúa en el 10,5%.

 

No obstante, las mujeres desplegadas suponen apenas un 3,7%, como denuncia Elizabeth Broderick, comisaria australiana de discriminación de género. En España es algo superior, de en torno al 7%, pero claramente lejos de la paridad. Y aun reconociéndose su gran capacidad para tomar parte en las negociaciones y en la resolución de conflictos, solo un 9% de las participantes en los procesos de paz entre 1992 y 2011 eran mujeres, afirma la ONU.

Los problemas dentro

Pero la falta de paridad coincide también con otros problemas en la vida cotidiana de las mujeres, que los países intentan corregir con varios frentes. Durante su preparación física, las mujeres pueden sufrir lesiones si dicho entrenamiento no es diferenciado del de los hombres y adaptado a sus características fisionómicas. Asimismo, la conciliación familiar también supone un obstáculo, para los cuales existen grupos de contacto en las que madres y padres comparten sus preocupaciones y se aconsejan unos a otros. Para la maternidad, uniformes apropiados, flexibilidad de horarios y la posibilidad de obtener una excedencia son algunas de las medidas que los ejércitos aliados han ido adoptando progresivamente.

Más graves aún son los casos de acoso y abuso sexual entre sus filas. Ocurrió dentro del propio ejército australiano, cuya respuesta no solo fue contundente, sino incluso mediática —o, según la jerga de internet, viral. Más de un millón de personas han visto el sobrio y directo vídeo en que el jefe del Estado mayor australiano, el General Morrison, se dirige a su Ejército al respecto.

Vídeo del General Morrison, dirigiéndose al Ejército tras el escándalo sexual de 2013. Ejército Australiano / YouTube

Existen otras tantas vías para poner fin a todos estos problemas. Es necesario para ello que las mujeres que forman parte de nuestras Fuerzas Armadas se sientan cómodas en el ejercicio de su enorme responsabilidad. La transparencia y el compromiso de la cadena de mando a la hora de denunciar estos abusos; la creación de protocolos de actuación y puntos de contacto, y el mero aumento de la participación femenina en el Ejército son vías para erradicar la discriminación de una institución como la militar.

Un proyecto necesario

Desde 2014 y durante todo este año, el equipo de la Universidad Rey Juan Carlos liderado por los profesores Cristina Figueroa-Domecq y Jesús Palomo está analizando la situación de cada uno de los veintiocho países que forman parte de la Alianza Atlántica. ¿Qué avances ha habido en los quince años que han transcurrido desde la adopción de la resolución 1325? ¿Qué ideas pueden ser puestas en común para ser adoptadas en todos esos países? A lo largo de este año 2015 se publicará un informe con los resultados de la investigación, cuyos datos también estarán disponibles en la web del proyecto, y también tendrán lugar varias conferencias que continúen el debate abierto en la primera, celebrada en noviembre de 2014 también en el campus de Vicálvaro. Todo por que el Ejército sea también un lugar en el que el género no marque la diferencia y donde prime el mérito.

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