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“Un meteorito de estas magnitudes sólo se da cada 1.000 años”

Entrevista
Internacional
Pablo M.González

El 15 de enero de 2013 impactó un meteorito en la región de Cheliabinsk, en la zona de los montes Urales de Rusia. Ha sido un impacto inusual dado el tamaño, las características y la zona donde cayó.  Más de 900 personas resultaron heridas, entre ellas, 159 niños.

El asteroide que se vio por la noche se situó a 27.800 km de distancia de  la tierra. Pablo M. González, un profesor de Ingeniería Mecánica, explica su conocimiento y experiencia sobre el reciente meteorito. Cuenta con una sólida experiencia en diseño, desarrollo y análisis de sistemas mecánicos.

Señala que algunos astrónomos lo relacionaron con el asteroide NEO 2012 DA14,  teniendo en cuenta las similitudes en la velocidad relativa y la trayectoria. La ESA  y la NASA lo han descartado por falta de datos concluyentes. Además en los videos se puede ver que el meteorito ruso viajaba del noreste al suroeste, mientras que el asteroide se mueve de sur a norte, casi en dirección opuesta. 

Esta clase de fenómenos, dado su tamaño, están muy influidos por la gravedad del sol y los planetas y no tienen órbitas estables. Pablo M. González afirma que los más grandes se denominan “asteroides” y su órbita, aunque excéntrica, es más o menos estable.  El resto, mucho más numeroso,  “vaga por el espacio interplanetario”. Además añade que, cuando la Tierra en su órbita alrededor del sol, atraviesa zonas donde se agrupa ese material, se producen las “lluvias meteóricas” espectaculares de noche; pero no se comparan con el reciente evento, ya que el material que ingresa a la atmósfera es muy pequeño.

Con respecto a la frecuencia a la que se producen los fenómenos,  explica que “diariamente caen a nuestro planeta algunas toneladas de material, restos de asteroides o cometas. La mayoría, de tamaño granular, que llega y se desintegra en la atmósfera, lo suele hacer sobre zonas poco pobladas, como por ejemplo el océano. “Un meteorito de estas magnitudes y características sólo se da cada 1000 años aproximadamente”.

El astrónomo no ha vivido ningún otro impacto mediático de tales características. “Solamente durante la década de 1990 pude observar la  reentrada de restos de cohetes o naves espaciales, visibles desde las afueras de Buenos Aires”. Afirma que la cobertura mediática fue bastante pobre: “en esos días no existía una red como Internet tan desarrollada como en la actualidad”. 

González, ha trabajado en el Grupo de Tecnología Aeroespacial de la Universidad Tecnológica Nacional; pero a pesar de esto, lo que más huella ha dejado en su trayectoria profesional ha sido sin duda la actividad educativa y de difusión de las ciencias espaciales en un sitio web donde comparte con los internautas sus experiencias.

Este suceso no resulta favorable económicamente para un país. González afirma que el material que pueda encontrarse después de un impacto tiene gran valor científico, pero muy poco aprovechable en términos económicos. “Si la caída se produce cerca de un centro urbano, como en este caso, las pérdidas podrían ser cuantiosas”.

Por último, el especialista propone unas soluciones para evitar este tipo de daños. En la comunidad científica mundial existen proyectos de vigilancia de NEOs capaces de advertir a tiempo los choque más importantes, pero incapaces de prever en tiempo y forma eventos como el sucedido en Rusia el 15 de febrero. No obstante una cosa es advertirlos y otra muy diferente es evitarlos. "Todavía no eciste una solución probada para protegerse de un impacto semejante al que acabó con los dinosaurios. En contrapartida, eventos de estas características son bastante improbables". 

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