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Marcos Roitman: "A la prensa española no le interesa conocer América Latina"

Reportaje
Comunicación
El sociólogo analiza la cobertura que los medios hacen de este continente y sus causas. Existe una preocupación entre el poder mediático de situar el foco en los países con gobiernos que plantean alternativas a las políticas neoliberales. Escasez de datos y abundancia de adjetivos suelen conformar las informaciones emitidas desde los altavoces de este poder económico.

 

 

Resulta revelador observar el enfoque de los medios corporativos en relación a los procesos democráticos que se desarrollan durante los últimos años en algunos países de América Latina. El procedimiento de ataque sistemático combina una intensa exposición mediática con un alto grado de tergiversación de noticias referentes, fundamentalmente, a los países del ALBA. La combinación entre este sistema perverso de mediación y la falta de tiempo y costumbre por parte de la ciudadanía a la hora de acudir a las fuentes primarias, provocan un distanciamiento de la realidad entre estos gobiernos y los ciudadanos. En palabras de Marcos Roitman “no vamos a la CEPAL a ver las cifras, preferimos esa información manipulada porque estamos en una sociedad social-conformista”.

Si nos enfocamos en la prensa, basta un vistazo a los principales diarios para observar el tratamiento de la información, en ocasiones ajena al propio ejercicio del periodismo. En el caso de El País, resulta sintomático cómo un periódico, tradicionalmente identificado como progresista, se muestra tan beligerante en su labor de desinformación, algo que solo se comprende si atendemos a los intereses empresariales del Grupo Prisa en este continente.

Uno de los mecanismos utilizados en la construcción de ideología, por parte de este tipo de prensa, se encuentra a la hora de colocar titulares enfáticos a partir de las declaraciones de algún personaje. Un ejemplo de esta práctica común la encontramos hace dos días en este mismo diario: “Es muy preocupante que Venezuela acose a defensores de DD HH”. Con independencia de que las afirmaciones sean ciertas o no, la técnica consiste en elevar un comentario personal a la categoría de titular, de manera que no exista necesidad de corroborar la información ni estar basado en prueba alguna. La única condición es que el comentario sea contrario a las políticas de estos gobiernos. En este caso se elige al secretario general de la CIDH, organización financiada principalmente por Estados Unidos.

De la misma manera, en ocasiones se coloca el foco en cuestiones que, sin dejar de ser ciertas, sí expresan una doble vara de medir, dependiendo de quién se trate. De nuevo El País nos muestra su disparidad de criterio a la hora de dar cobertura, según qué país y acontecimiento se trate. El encarcelamiento del alcalde de Caracas el pasado día 19 de febrero tuvo una cabida en portada que no mereció la desaparición y asesinato de 43 estudiantes de México, denunciado el 27 de septiembre de 2014.

   

Periodismo como arma política

Como apunta Roitman “los intereses económicos tienen ideología”, y los gobiernos más progresistas de América Latina, con sus políticas orientadas hacia lo público, afectan a la cuenta de resultados de los negocios que están detrás del medio de comunicación. Este selectivo seguimiento, ejercido de manera constante durante años, hace que prácticamente cualquier persona sepa en la actualidad quién es el presidente de Venezuela, Ecuador o Bolivia mientras que sólo una minoría conoce algo acerca de los gobernantes de países vecinos como Colombia o Perú o Paraguay.

Además, estos gobernantes a menudo son presentados, mediante la publicación de declaraciones descontextualizadas, como seres excéntricos, bufones o iletrados. De esta manera, al público no le llama posteriormente la atención el hecho de “hacer bromas a un presidente indígena, no entendemos eso como una falta de respeto”. Situación difícil de imaginar si se tratara de gobiernos de otras latitudes.

La actual campaña internacional de los medios de información, dedicada a hiperbolizar unos conflictos y a silenciar otros, dependiendo de su lugar de origen, pretende orientar a la opinión pública de cara a legitimar posibles futuras acciones en contra estos Estados. Dignos de la mejor escuela de Bernays, la realidad no se pinta como es sino a través de informaciones de las características que hemos analizado. Sin embargo, la credibilidad de los grandes medios comerciales ya ha comenzado a resquebrajarse, la gente comienza a decodificar la información que recibe y a identificar menos a los medios hegemónicos como un cuarto poder y más como a auténticos voceros de las élites económicas.

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