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La plaza cuencana con aroma a flores

Crónica
Crisis Mundial. Cambio climático
La Plaza de las Flores es uno de los atractivos de Cuenca.
El sonido de más de 20 tijeras que cortan tallos empieza poco después de las 07:00 en la Plaza de las Flores de Cuenca. Cuando es temprano y aún hay algo de silencio y paz en el Centro Histórico, es posible oír ese sonido incluso desde la vereda del frente.
El sonido de las tijeras no desaparecerá hasta después de las 18:00. A cualquier hora, una o varias de las vendedoras de la Plaza de las Flores se dedica al corte de tallos para igualarlos con el resto de flores de un ramo, de las hojas que están demás, de los pétalos o flores que se marchitaron, de los ramas dañadas de plantas… 
 
Todo el tiempo esa herramienta es parte de la labor diaria de las más de dos decenas de comerciantes que trabajan hasta luego de las 18:00, todos los días, de lunes a domingo, sin descanso, junto al sonido afilado, rápido, contundente de cada corte de tijeras, de esas gruesas y duras de jardinería.
 
Rosas, claveles, margaritas, girasoles, astromelias, lirios, orquídeas, crisantemos… Los colores y los aromas vienen de estas y otras flores, que se venden en ramos o por separado.
 
Cuenca cuenta con más de 50 iglesias antiguas y de atractivo arquitectónico, pero su mayor atractivo es la Plaza de las Flores, a la sombra de la monumental Catedral de la Inmaculada Concepción. Así lo explica la revista National Geographic, que elaboró la lista de los 10 mejores mercados de flores al aire libre del mundo y que encabeza este lugar cuencano.
 

Pero no hay solamente flores. Son plantas de todo tipo, desde arbustos hasta cactus y en medio plantas aromáticas y las de uso en la cocina o las medicinales: romero, romero colgante, albahaca, manzanilla, menta, toronjil, culantro, orégano, ruda, esencia de rosas… aromatizan más el ambiente.
 
- Cris, ¿tiene una planta de romero? -pregunta una de las vendedoras a otra, mucho más joven que ella.
 
- Sí, pero el señor solamente está viendo.
 
La venta no es en grandes cantidades, pero es buena, dice María Pintado, una de las vendedoras. 
 
Ahí mismo, en el local del convento, se vende productos elaborados por las monjas del Carmen de la Asunción,  como gelatina de pichón, crema de limón para las manchas de la cara, agua de valeriana, bordados, loción Santa Teresa para  dolores musculares, jarabe medicinal Portentoso, jarabe de rábano, vino Viña Florida, vino de consagrar, vino reconstituyente, mermeladas, tortas, rompope, manjar de leche, dulce de higo, bocaditos y la famosa agua de pítimas, que “está debidamente combinada en sus ingredientes, distinguiéndose con claridad que ellas conocen plenamente lo que hacen, y para qué o quiénes lo hacen”, según Gonzalo Cadena y Bladimir Zhunio
 
Fabiola Galarza llega con un familiar a comprar un ramo de flores. Lo hace, dice, porque necesita para un acto que está por desarrollarse, pero luego espera llevárselo a la casa. Es un adorno que cualquiera quiere tener, dice, y huele una de las rosas.
 
La Plaza de las Flores o Plazoleta del Carmen es uno de los sitios más atractivos para el turismo en Cuenca. Integrada al atrio de la iglesia del Carmen de la Asunción, esta plaza está rodeada por esta iglesia antigua y parte de las paredes del convento de las Carmelitas, además de las que ahora pertenecen a uno de los edificios de la Casa de la Cultura.
Al frente, pasando la calle Sucre, está la Catedral de la Inmaculada. Desde la plaza se ven las altas paredes de ladrillo y parte de las cúpulas celestes del templo principal de la ciudad.
 
Hacia el otro lado, por la calle Padre Aguirre y diagonal a la plaza, están casas antiguas de estilo republicano.
 
 
El atractivo del cuadro completo es irresistible incluso para quienes pasan a diario por este lugar de piso adoquinado con piedra andesita y en el que se escucha todo el el día el sonido de las tijeras..
 
 
 
Imagen panorámica tomada de Ecuador360.
 
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