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La crisis ética de los grandes periódicos

Editorial
Comunicación

Los grandes diarios de referencia del mundo nunca han tenido una influencia y alcance tan grande como ahora. Probablemente la actual crisis económica y la movilidad social que genera es la culpable de ello pero también están contribuyendo a una caída lenta y continua tanto de difusión como de creatividad. Se ha creado en algunos de los periódicos más importantes un cisma en las cúpulas directivas que de forma precipitada han movido ficha realizando destituciones y nombramientos sorpresa. Las crisis de los rotativos, los ERES realizados en algunos de los casos y los sorprendentes cambios de dirección política han debilitado de manera muy notoria la credibilidad y la posición de privilegio del que han gozado hasta ahora los diarios de referencia. Prueba de los movimientos convulsivos en las últimas semanas son los casos de El Mundo, El País o la Vanguardia pero la prensa internacional abanderada por The New York Times o Le Monde llevan incluso décadas esforzándose por mantener la influencia política a pesar de no haber resuelto aún sus crisis internas.

 

Mucho han cambiado las cosas. Hasta ahora la prensa encarnaba la dualidad de una gran influencia social y a la vez una notable vocación de participar en el bien común. Pero ya muchos están viendo cómo la profesión periodística está siendo relegada por la irrupción de los grandes grupos mediáticos sedientos de un mayor control social y perdiendo así las cualidades básicas de las que siempre ha presumido: la libertad e independencia profesional. Nos estamos topando con la vulnerabilidad que supone enfrentarse a los poderes políticos y económicos.  De hecho los giros inesperados protagonizados por los diarios para congraciarse con el gobierno han sido evidentes. La precipitada salida de Pedro J. Ramírez de la dirección de El Mundo proclamando su destitución como "una muestra de hostilidad del gobierno hacia las verdades incómodas" o los rumores de intervención de algunos miembros del gobierno para refinanciar la deuda del grupo Prisa a través de la amistad con su presidente son prueba de ello. Y es que también los números rojos han acompañado a estos grupos en los últimos años intentando enjugar parcialmente las pérdidas poniendo en marcha planes de choque incluyendo drásticas reducciones de plantilla.

 

Viendo el desolador panorama actual en la prensa, sería necesaria, por tanto, una rápida regeneración ética en los diarios, aquélla que se reclama a la clase política y para aquéllos que han sido responsables de la pérdida de credibilidad y confianza de los lectores. Para ello tendrán que devolver la libertad a sus redacciones y asegurar el compromiso de servicio a la sociedad.

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