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Gestión de la Covid-19: Falta de coordinación e indignación contra el Gobierno

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Indignados
Sanitario con equipo de protección. Enric Fontcuberta / EFE
Sanitario con equipo de protección. Enric Fontcuberta / EFE
Las medidas necesarias, para paliar los estragos de la Covid-19, requieren que las administraciones públicas implicadas en su gestión se coordinen entre sí. La contención de la curva de contagiados y fallecidos no es una tarea cuya responsabilidad recaiga exclusivamente sobre el Gobierno.

 

Desde que comenzara el confinamiento, se producen duras críticas contra el Gobierno por la gestión de la pandemia. Esta indignación se centra primordialmente en la falta de previsión, el desajuste de los datos publicados y la escasez de recursos sanitarios contra la Covid-19.

La falta de coordinación entre las CCAA y el Gobierno supone un escollo que impide que las cifras de la pandemia cuadren. Los datos de algunas CC.AA. muestran incoherencias. Galicia utiliza los test, enviados por el Gobierno, para hacer un estudio epidemiológico en vez de usarlos en hospitales, residencias y cárceles. Madrid, oculta las cifras reales de la pandemia.

Antes de la crisis muchos centros hospitalarios ya padecían escasez de EPI. En Alemania el ratio de camas UCI por 100.000 habitantes es del 29,2, en España del 9,7, es decir 28.000 frente a 4.404. Según un informe de la OMS, en 2019 España contaba con 3,9 facultativos por cada 1.000 habitantes, descendiendo 13 posiciones en el ranking mundial hasta el puesto 20.

Esto se agrava por la deslocalización y externalización de empresas de producción de material sanitario. Países como Corea del Sur o Alemania, productores de test, mascarillas o respiradores, abordan la pandemia en mejores condiciones. Por contra, numerosos países sufren dolosas estafas al intentar acceder al material sanitario, muchas veces en manos de intermediarios sin escrúpulos.

También falla la gestión de las residencias de ancianos. La falta de control y de medidas preventivas ha agravado la morbilidad de los más vulnerables. Los centros, en manos de administraciones públicas o empresas privadas, han permitido que muchos de ellos fallecieran sin la debida atención médica.

Tampoco ayuda la propagación de bulos con respecto a la pandemia. Producen indignación, estrés y desinformación, creando un clima de desconfianza y descrédito hacia los responsables de gestionar esta difícil e inédita situación.

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