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Manzanas podridas: ellos somos nosotros

Opinión
Nacional
Rostros de los más sonados casos de corrupción en España
La corrupción es la mayor preocupación de los españoles, pero no debemos olvidar que este extendido defecto de nuestros altos representantes es reflejo social. Nuestros políticos somos nosotros.

La corrupción es la segunda mayor preocupación de nuestros conciudadanos, señalaba el CIS en febrero. Lo que no suele preocuparnos es la idea de que nuestros políticos son nuestro reflejo en el espejo. 

El otro día paseaba por el impoluto barrio de Salamanca madrileño, por el que no me había asomado hacía mucho tiempo y lo noté. Noté esa diferencia estamental que oficialmente lleva extinta siglos pero que sigue ahí de facto. En los chalecos acolchados color verde militar, en la gomina de pelo y los mocasines marrones de piel. En los bolsos de Prada y abrigos de pelo.

Pero esos españoles de Mercedes y Porsche no me parecían preocupados. La calle Serrano no me parecía preocupada. Esos conciudadanos –que son los que más se llenan la boca y más hinchan el pecho rizado de ser españoles- me parecían escalofriantemente similares a los políticos presuntamente corruptos que aparecen en pantalla un día sí y otro más aún  por haber mangado erario ajeno. Es decir, por robar. Presuntamente.

Nuestros políticos también son españoles. De los del estamento asentado, véase también casta, pero siguen siendo tan de la península carpetovetónica como nosotros. Y si ellos, que somos nosotros, roban, estafan y mienten, es que hay un problema real y generalizado, que consiste en que una mayoría de nosotros también lo haría. ¿O es que el poder tiene tanto poder corruptor? ¿Es que solo aquellos en contacto con el anillo de poder pierden el norte de la ética y se convierten en delincuentes?

No debemos perder de vista que nuestros políticos son extraterrestres. Que viven en barrios colindantes con los nuestros. Que no cunda el pánico, pero quizá deberíamos reflexionar que si tantos de nuestros representantes parlamentarios están podridos, igual es porque nosotros –los que los elegimos y erigimos en el poder- lo estamos tanto o más. Todos colgamos del mismo árbol. 

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