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La información que cotiza en bolsa

Opinión
Economía
Viñeta de Forges
Es la hora del directo, del aquí y ahora, sin filtros. La era de la información, de las redes sociales, de internet y de los nuevos medios digitales. Pero también es la era de la crisis de los medios tradicionales, del papel, de los despidos y cierres de cadenas o emisoras. La era de la desinformación. Y de esto último, tienen mucha culpa los grandes grupos de comunicación que han dejado su deuda al vaivén de potentes bancos y empresas, que poco tienen que ver con el fin de los medios: informar.

La prensa escrita se ha visto afectada por el descenso de las ventas e inversiones publicitarias, lo que no ha hecho más que incrementar sus deudas. Un ejemplo es el Grupo Prisa (editor de El País) que durante los últimos años ha alcanzado cifras tan mareantes como los 5.100 millones de euros de deuda. Ahora con la reducción a 2.582 millones, el grupo parece congratularse de la “estabilización” de sus cuentas (a base de venta de acciones, participación de bancos, jeques…) y anuncia el inicio de “una nueva etapa en la compañía”.  Por lo menos eso aseguraba esta semana Juan Luis Cebrián, su presidente, en la Junta de accionistas de Prisa.

La industria de la comunicación se ha convertido en un mercado donde la moneda de cambio son los intereses e influencias que corrompen la información.

El caso de Prisa es solo un ejemplo de los numerosos grupos de comunicación que actualmente se encuentran “salvados” por grandes bancos, empresas y accionistas que comprometen su independencia informativa. Resulta que el dinero de los señores que salvan a un grupo de comunicación de ahogarse entre sus deudas, no se puede ver perjudicado o, incluso, puesto en duda por las posibles informaciones del medio. Este hecho, convierte a la industria de la comunicación en un mercado donde la moneda de cambio son los intereses e influencias que corrompen la información.

Se habla mucho de la crisis del papel, del descenso de lectores o del “daño” que internet ha provocado a la prensa escrita. Pero nada se dice de lo que hay detrás de ellos. Si los periódicos no se venden, no es solo porque sus ediciones se puedan leer en internet, sino porque los lectores encuentran nuevos medios (financiados, algunos, mediante suscripciones) preocupados por informar por contar de verdad el aquí y ahora, sin filtros. Quizá, tenga algo que ver el hecho de no tener detrás a los bancos y empresas que cotizan en bolsa. Quizá son las bases del nuevo periodismo.

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