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desUnión, Progreso y Democracia

Opinión
Nacional
Imagen de Rosa Díez, presidenta y fundadora de UPyD
UPyD pierde afiliados a un ritmo vertiginoso, cercano al mareo, todo ello favorecido por el totalitarismo de su fundadora y portavoz, Rosa Díez, la cual ha calificado los abandonos de “traiciones” y se aferra con todas sus fuerzas a la presidencia del partido.

UPyD surgió como una alternativa al bipartidismo. Un manifiesto fundacional que lo declara como un partido de centro, una ideología más cercana a la derecha y una fundadora/presidenta de izquierdas, lo hace una contradicción en sí mismo y la causa de que nunca haya terminado de despegar como fuerza política consistente. Con una acogida (aunque representativa) menor de lo que se esperaba en las urnas de 2008, el partido ha ido ganando adeptos hasta obtener en 2011 el 4,7% de los votos. Y es precisamente el auge del partido sumado al desencanto político de la sociedad española lo que hacía prever que esto continuaría, pero nada más lejos de la realidad, ya que el barco de UPyD navega a la deriva y sin tripulación.

"Me voy, porque no quiero reverenciarme" fueron las palabras de Mikel Buesa

Esta semana el partido de Rosa Díez se ha visto afectado por la avalancha de abandonos de un número notable de candidatos del partido. El batacazo de las elecciones andaluzas y la falta de asunción de responsabilidades por parte de sus miembros, es lo que ha provocado que el partido se desmorone, como si de un castillo de naipes se tratase. Ella se niega a que le quiten protagonismo en España, y por eso se aferra con uñas y dientes a la presidencia de SU partido, negando culpas y pasando la pelota de la responsabilidad a otros. Por su parte el resto de miembros con su actitud tampoco ayudan a consolidar la imagen del UPyD, ellos acusan a Díez de ser autoritaria y de haber sido la responsable de los resultados de Andalucía, al negarse a pactar con Albert Rivera.

"Me voy, porque no quiero reverenciarme" fueron las palabras de Mikel Buesa al abandonar el partido (cofundador y número dos de UPyD). Todo parece indicar que este gesto ha sido el que han imitado 16.000 afiliados, que en apenas ocho años han dejado la militancia en el partido. El último en seguir estos pasos ha sido el desafortunado Toni Cantó, el ojito derecho de Díez, que el pasado martes comunicaba el abandono de su candidatura a la Generalitat Valenciana.

Ahora ya no hablamos de Unión; por sus ideales cercanos a la derecha tradicionalista, nunca se habló de Progreso; y nunca podremos hablar de Democracia, por el carácter dictatorial de Díez. Por eso saquen sus pañuelos blancos y despídanse de UPyD, pues los que siempre se jactaron de ser el único partido con fecha de caducidad, pronto cumplirán con su primicia.

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