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Viernes de tradición en Leganés

Crónica
Sociedad
El Mercadillo de Leganés vuelve cada viernes, atrayendo a un gran número de vecinos del municipio. Desde puestos de frutas y verduras hasta comercios de artesanía, el mercadillo reúne una gran variedad de productos.

 

 

 

Es viernes soleado y el recinto ferial de Leganés se empieza a llenar de gente.  Los tenderos han empezado a montar sus puestos sobre las ocho de la mañana.  Desde la estación de metro de Casa del Reloj ya vemos llegar a gente con sus carros de la compra.  La mayoría, ancianos y madres con bebés. Parece, por tanto, un día perfecto para echar un vistazo al Mercadillo de Leganés.

Al aproximarnos, escuchamos mucho bullicio; los comerciantes gritan sus ofertas para intentar atraer a los pepineros que pasean entre los puestos en busca del mejor precio. Muchos de ellos, sin un puesto con licencia, venden sus productos en mitad de las calles que forman el mercadillo, sirviéndose de una manta o una caja. Intentan captar nuestra atención cortándonos el paso y enseñándonos sus productos, incluso poniéndolos directamente en nuestras manos. Los piropos son una estrategia más de venta muy habitual tanto en tenderos como en manteros.

Hay mucha variedad de productos: fruta, legumbres, frutos secos, bollería, ropa, zapatos, juguetes… Hablamos con la gente y nos comenta que lo que más compra, incluso lo único, es la fruta y la verdura de cada semana. Prefieren adquirirla aquí antes que en un supermercado porque el precio es más bajo y los productos son más frescos. Sin embargo, también comentan que algunas de ellas vienen golpeadas o se pasan muy pronto.

Nos sorprende la cantidad y variedad de puestos para tratarse de un mercadillo de barrio. Los puestos tradicionales (fruta, aceitunas, sombreros, artesanía…) conviven con otros adaptados a los tiempos actuales (fundas de móviles, cosméticos, ropa ‘de marca’…). Al hablar con los dueños, todos ellos coinciden en que los centros comerciales han provocado una enorme caída de las ventas en sus negocios. Los productos que antes eran más rentables en un mercadillo, ahora cuestan lo mismo en grandes superficies que abaratan los precios con una producción masiva.

El dueño de un puesto de sombreros nos cuenta que apenas logra tener ingresos para cubrir todos los gastos que conlleva la venta ambulante. Y es que,  otro factor que ha afectado a los mercadillos ha sido la crisis económica en la que seguimos sumergidos. Todos coinciden en que, comparando las ventas con las de años anteriores a la crisis, estas han bajado notablemente, mientras que sus gastos siguen siendo los mismos. Una licencia en este mercadillo ronda los 600€ al año. Solo incluye cuatro días de venta al mes, pero los comerciantes, que también montan sus puestos en otras localidades el resto de días de la semana, afirman que es de las más baratas. Además, tienen que pagar el IRPF cada tres meses y darse de alta como autónomos.

Pese a esta complicada situación, el ambiente entre tenderos es muy agradable. Comparten bromas y risas mientras atienden a los clientes, con los que también muestran esta cercanía difícil de encontrar en los grandes establecimientos.

Cerca de la hora de la comida, cuando nos marchamos, el Mercadillo de Leganés sigue a rebosar de gente, aunque la mayoría rodea únicamente los puestos de fruta y verdura. Algunos ya están recogiendo, no esperan más ventas. Aun así, volverán la semana que viene con la misma alegría de cada viernes. 

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