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Saboreando el MadrEAT

Reportaje
Culturas
El MadrEAT se celebra el tercer fin de semana de cada mes.
Descubrimos una nueva entrega del festival gastronómico más callejero de Madrid, que apuesta por la innovación y experimentación en la cocina

MadrEAT es un festival gastronómico que está siempre al día. Nace de una iniciativa que pretende llevar la gastronomía a la calle para que todo el que lo desee pueda disfrutar de ella. Así, cada mes durante dos días podemos encontrar en diferentes localizaciones bastantes puestos de comida, incluso sobre ruedas.

Empezó en la agencia de marketing y comunicación Mateo&co. Acostumbrados a trabajar con chefs y empresarios del mundo gastronómico, su objetivo es crear un espacio abierto en el que los madrileños puedan disfrutar de la buena cocina al aire libre, algo también conocido como street-food. MadrEAT pretende ser un mercado abierto en el que experimentar, probar, disfrutar y conocer un poco más el mundo de la gastronomía de una manera más original.

 

 

Si quieres saber más acerca de la iniciativa de Gonzalo Canale, echad un vistazo a la entrevista que le realizó RTVE.

Entre los más de 70 puestos que se han podido disfrutar dentro de los jardines de Azca en la población madrileña hemos podido saborear entre otras, la street food, concepto acuñado en las metrópolis más sibaritas como Berlín o Londres. No nos olvidemos de los deliciosos tacos de Tepic, la maravillosa piadina de Mercato Bolleró e incluso el sabor más picante de Chile.Con tanta variedad de sabores y tanto trabajo que le damos al paladar, habrá que disponer de una bebida que nos calme nuestra garganta, y para ello los chicos de cervezas La Virgen.

La alimentación vegetariana y vegana cada vez es más frecuente. Muchas personas apuestan por una alimentación libre de productos de origen animal, en la mayoría de las ocasiones, como protesta ante el maltrato masivo de las empresas de alimentación a los animales. Sin embargo, no se encuentran muchas alternativas vegetarianas y veganas variadas en los restaurantes, menús escolares o universitarios…

Ocurre lo mismo con la alimentación basada en productos ecológicos. En los grandes supermercados es difícil encontrar comida producida de manera ecológica. Muchas personas preferirían seguir una dieta en la que los alimentos no estén tratados con productos químicos, es decir, no biológicos, y que además respeten el medio ambiente; pero las grandes empresas de alimentación y de distribución de alimentos no parecen estar interesadas en este sector.

En el caso de España, está en las manos de pequeños emprendedores cubrir la demanda de productos alimenticios elaborados de forma ecológica. Un ejemplo de esto lo encontramos en el recinto del MadrEAT. EL PERRO VERDE es un puesto de comida vegetariana que intenta, dentro de sus posibilidades, adaptarse a la comida ecológica. Así nos lo cuenta Sergio Hinarejos.

 

 

 

La cantidad de mercados que se dedican a la venta de comida ecológica está aumentando y con ello no son pocos los productores interesados en organizar ferias como la que os presentamos aquí en diversas partes del mundo. Los países que se encabezan dentro de la lista de los más “ecológicos” son Alemania, Austria, Suiza, Italia, Francia y Países Bajos, Gran Bretaña, Dinamarca y Suecia. ¿Se va a convertir la comida ecológica en la nueva alternativa de la comida tradicional? Cada vez son más las personas que se suman a esta alternativa y los resultados están en una clara balanza positiva.

Cada vez son más los consumidores de comida ecológica. El rechazo a los pesticidas y las sustancias que intervienen en el proceso de producción del alimento son la principal razón de los adeptos a esta opción alimenticia. Sin embargo, muchas personas que aún no consumen comida ecológica, aunque reconocen que deberían hacerlo y les gustaría, aseguran que el coste de estos productos es notablemente más alto que el de alimentos no ecológicos y que, actualmente, su economía no les permite acceder a ellos. Esto también es un problema de la industria. ¿Es la comida ecológica en general un "producto de lujo"? ¿Cuánto acceso tenemos a esta clase de alimentos actualmente? ¿Es esto éticamente correcto, o tan siquiera lógico?

Sabemos lo que queremos comer, pero ¿estamos dispuestos a encontrarlo? Es verdad que supone un esfuerzo extra para el consumidor medio encontrar los productos ecológicos, bio, o veganos de forma fácil. En ocasiones resulta casi imposible, si por ejemplo uno reside en un pueblo y/o tiene acceso a internet para encargar los productos que desee. ¿No debería la comida ser un derecho en lugar de un lujo?

A diferencia de otros países europeos, en España no ha habido estadísticas oficiales sobre el número de vegetarianos. Tan sólo se han hecho algunas estimaciones que a veces han salido en la prensa, y que hablaban de alrededor de 1 millón de personas o también un 3% de la población. Estas cifras seguramente incluían a personas que han dejado de comer carnes rojas, o que han reducido el consumo de carne en general, pero que nosotros no consideramos como vegetarianos verdaderos porque aún consumen pescados o carne blanca. Por eso, estimamos que la cifra real de vegetarianos será inferior, aunque ciertamente en los últimos años ha ido creciendo sostenidamente.

Los datos más fiables y cercanos de que disponemos son los de la Encuesta ENIDE, de 2011:

http://www.west-info.eu/files/Report188.pdf

Se puede consultar el número de personas que no comen carne y pescado en la página 32 del documento PDF mencionado. Según ese porcentaje del 1,5%, la cifra de vegetarianos se acercaría a los 700.000. Aunque en la realidad habría que ver si las personas que declaran no comer carne ni pescado están diciendo la verdad (a veces piensan que el atún de lata no es pescado, o que el pollo o el jamón no son carne, etc.). Pero en términos generales, es una base bastante sólida.

En cuanto a la proporción de veganos dentro de esas cifras, lo cierto es que en los últimos años se ha incrementado bastante, pero calculamos que representará a lo sumo un 30 ó un 40% del número total de vegetarianos.

Respecto a datos de otros países, recomiendamos consultar este enlace: http://www.euroveg.eu/lang/en/info/howmany.php

Pero una pregunta que seguramente nos concierne a todos en base a este nuevo tipo de alimentación es ¿cuál es el perfil del consumidor? ¿en base a qué se decide el optar por esta alternativa? Pues si atendemos a los datos en España, el perfil de dicho consumidor es de clase media-alta, rondando entre los 43-45 años y mayoritariamente la población femenina. En cuanto a las razones por las que se consumen este tipo de alimentación la mayoría de los entrevistados responden que lo principal es perserverar su salud seguido del cuidado del medio ambiente y de conocer un sabor único.  

 

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Así pues, ¿es este pequeño boom, de la alimentación ecológica en España una burbuja o una tendencia sostenible? 

 

Pese a ser un sector en crecimiento, el consumo de productos ecológicos en España apenas alcanza el 2% sobre el total y supone solamente un gasto de 20 euros por persona al año, a mucha distancia todavía de otros mercados europeos. Sin embargo, España es el noveno productor mundial de este tipo de productos y el segundo en Europa con más certificaciones orgánicas. La Unión Europea apuesta fuerte por este sector, anunciando subvenciones que ascienden a más de 1.000 millones de euros para el periodo entre 2014 y 2020.

Cabe señalar el aumento de la conciencia ecológica en la población, especialmente entre la población joven. Son los jóvenes los que tiran del carro del sector no solo a la hora de consumir, sino también para producir (los menores de 55 años son un 61% del sector, mientras que en la agricultura convencional representan el 44%). Sin embargo en la fase final, la que va del comercio a casa, solo los jóvenes con un buen nivel adquisitivo son capaces de permitirse los precios de los productos ecológicos.

La oferta de alimentación orgánica en los estantes de los supermercados tiene un precio bastante más elevado en comparación a la de los productos convencionales y convierten al comprador en alguien que lo hace por principios e ideales, haciendo difícil que otros con un nivel adquisitivo menor se sumen a este estilo de vida por la gran diferencia que supone para el bolsillo. Por ello, las dudas surgen al preguntarse por qué los precios son tan altos para el consumidor, siendo como es un sector que recibe importantes subvenciones para incentivar su producción y consumo. Por ejemplo, un kilo de tomates en Carrefour saldría por 1,29€, mientras que en un supermercado ecológico como EnterBio el precio ascendería a 2,30€/kilo.

A día de hoy, España es uno de los grandes productores mundiales de alimentos ecológicos y también la que mayor superficie y número de productores tiene en la Unión Europea. Los datos corroboran sin duda el liderazgo en el sector, ya no solo a nivel europeo sino mundial. Por ejemplo, España es el noveno país en el mundo en número de productores de productos ecológicos o el segundo país de Europa en número de certificados concedidos de agricultura ecológica.

El coste de la producción ecológica requiere de un número bastante superior de medidas respecto al convencional. Los agricultores y ganaderos tienen que invertir mucho más a la hora de empezar de cero o invertir una cantidad importante para transformarlo en terreno ecológico y los productos han de pasar una serie de certificaciones de calidad y que garanticen el proceso ecológico durante toda la cadena.

En España estos dependen del lugar donde se produzca, porque los requerimientos no son iguales en todas las comunidades autónomas, lo que da lugar a una importante disparidad de criterios y precios dependiendo de la zona. Esto lleva a los productores a pensárselo dos veces antes de emprender en este sector, donde las subvenciones no son suficientes para garantizar la rentabilidad de la producción ecológica.

Otra de las causas que da la organización es un mayor coste de transporte del material cosechado, ya que las cantidades suelen ser menores y deben ir separadas de los productos convencionales, lo cual da lugar a unos envíos más ineficientes y que por ende cuestan más.

Para algunas partes del sector, precisamente el hecho de que los consumidores de productos ecológicos estén concienciados y dispuestos de antemano a pagar más por dichos bienes hace que los precios se mantengan altos, pudiendo permitirse márgenes más elevados.

Ese es el objetivo final de los consumidores de productos ecológicos: encontrar los mismos a precios similares al de los productos convencionales para que los precios no sean un impedimento para poder aplicar su conciencia ecológica.

Por su parte, las distribuidoras de productos ecológicos se encuentran en una situación curiosa. Al encontrarse en una posición intermedia, reciben los productos de los agricultores a un precio razonable y luego lo venden a las grandes cadenas a lo que coinciden en señalar como buenos precios, bastante lejos de los que finalmente les llega al consumidor en el supermercado pero que no fijan ellas. Además, la rentabilidad que puedan no encontrar en España la suplen exportando los productos a otros países con una cultura más acostumbrada al consumo ecológico como puede ser Alemania (el primer mercado de la UE en consumir este tipo de productos), Austria o incluso a los Estados Unidos.

 
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