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Educación en construcción

Editorial
Educación

Durante todo el 2016, se vivieron episodios tristes para el sistema educativo en Leganés. Centros escolares que se caían a pedazos, alumnos que se marchaban a otros centros por no disponer de calefacción ni de comedor, o gestos de desaprobación contra Santiago Llorente por no actuar cuando el municipio más lo necesitaba.

Leganés vivirá en este 2017 un continuo período de reformas escolares. Una serie de renovaciones que ya fueron solicitadas y exigidas hace varios años. El municipio pedía a gritos un lugar seguro donde sus hijos pudieran educarse y desarrollarse. Sin embargo, la respuesta ha tardado en llegar.

Padres y madres del municipio de Leganés se manifestaron en contra de las decisiones de Santiago Llorente, alcalde de Leganés desde 2015. No eran capaces de entender la pasividad del dirigente político y cómo dio la espalda ante esta precaria situación. Por ese motivo, el municipio implantó el Plan Regional  de Inversiones y Servicios de Madrid (PRISMA).

Este plan ya ha dado sus primeros pasos en este mes de febrero. Trabaja sobre un método que afecta fundamentalmente a tres centros escolares: Gonzalo de Berceo, Miguel de Cervantes y Víctor Pradera. Aunque es pronto para valorar toda esta serie de medidas, el municipio sigue sin estar satisfecho por la escasa inversión y por la falta de reforma en otros centros que también lo necesitan.

A pesar de todo, Leganés es uno de los pocos municipios que se ha preocupado por resolver estos problemas estructurales. Sin embargo, la cuestión más importante es conocer el porqué de no haber iniciado las obras con anterioridad, puesto que elementos como la calefacción harán más falta en invierno que en primavera. Además, esta propuesta iba a llevarse a cabo durante el parón navideño de la docencia, pero todas las promesas fueron en vano.

Con todo esto, sólo queda la esperanza de que los problemas se solucionen cuanto antes por el bienestar del alumnado. No obstante, el período de reforma en alguno de los centros llega a los 12 meses, en otros todavía no se han empezado las obras y, muchos más, tendrán que esperar un año hasta que llegue la maquinaria por causa del contrato a realizar con la empresa responsable. 

La propuesta está bien planteada desde el punto de vista de mejora de las instalaciones, pero en el momento en el que evaluamos los plazos establecidos nos damos cuenta de que esto no puede ser así; no se puede tener a escolares durante un año esperando obras fundamentales para el desarrollo de las clases. Por tanto, ¿hasta qué punto supondrá esto un problema para desenvolver el trabajo académico de los estudiantes?

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