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Nada nuevo bajo el sol

Editorial
Internacional
Estados Unidos responde a los ataques contra sus tropas en Siria llevándose por delante 22 vidas

Poco más de un mes le ha bastado a Biden para ordenar su primer bombardeo como presidente de Estados Unidos. El ataque aéreo tuvo como objetivo infraestructuras milicianas apoyadas por Irán, en territorio sirio. El Observatorio Sirio de Derechos Humanos afirma que el ataque ha causado la muerte de 22 proiraníes. La acción militar ha provocado que el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, Ali Shamjaní, acuse a Estados Unidos de desestabilizar Oriente Próximo expandiendo actividades terroristas.

El ataque, que tuvo lugar el pasado 15 de febrero, surge como respuesta a los ataques con misiles en la embajada estadounidense de Bagdad y de la previa muerte de un contratista en Erbil por el impacto de varios cohetes, además de las continuas acciones militares y amenazas de la coalición internacional en Irak. La acción militar, en palabras del portavoz de defensa, John Kirby, trata de situar a Biden como un claro y evidente protector de los americanos y de la coalición. "Hemos actuado de una manera deliberada con el objetivo de desescalar la situación general tanto en el este de Siria y en Irak", agregó Kirby.

Estas declaraciones del portavoz de defensa suenan a una excusa más que recurrente en el gobierno norteamericano, el cual no cesa de incrementar su participación en este tipo de conflictos desde hace varios mandatos, tanto republicanos como demócratas. Sin ir más lejos, los ataques a instalaciones estadounidenses en Irak han aumentado desde que Estados Unidos decidiera poner fin a la vida de Qasem Soleimaní, un importante comandante iraní. Esto sucedió en enero de 2020 a través de un bombardeo selectivo en la ciudad de Bagdad.

El gobierno de Biden aseguró que los ataques aéreos se dirigieron, con éxito, hacia varias instalaciones ubicadas en zonas de control cercanas a Irak y utilizadas por Kataib Hizbulá, y otra milicia iraní. Aunque no con el característico orgullo y ensalzamiento militar a lo que los dirigentes estadounidenses nos tienen acostumbrados, el Presidente Joe Biden confirmó más tarde a los medios su primera acción militar. Un Biden que no recuerda al que atacó en campaña a Trump por este tipo de decisiones político-militares.

Como siempre, Estados Unidos escondía un segundo objetivo bajo la manga, el petróleo. El gobierno iraní manifestó el prolongado robo de este tipo de recursos naturales. Por otro lado, el comunicado no dudó en tildar de asentamientos ilegales a las bases estadounidenses asentadas en Siria y acusó a sus cuerpos militares de entrenar fuerzas terroristas.

Como era de esperar, Siria y Rusia condenan la operación llevada a cabo por el gobierno de los Estados Unidos, refiriéndose a ella como una acción de carácter terrorista, mientras que Israel se posiciona del lado del gigante americano y no duda de la legitimidad de sus actos. Las conclusiones de este ataque son claras: todo sigue igual. Las intervenciones y política militar de EE. UU no varían prácticamente según los gobernantes, y estos ataques siempre tendrán los mismos puntos de vista, aliados y enemigos.

Al fin y al cabo poco o nada importa quién esté al mando del país norteamericano. Biden ha seguido la estela de su predecesor. Y para nadie es ya un secreto el pasado y presente imperialista del país, pese a que se pretenda endulzar de mil maneras en el mundo occidental. Al menos el actual presidente no ha puesto el foco de sus misiles en zonas civiles, de momento.

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