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Las manifestaciones del 8M desatan la polémica

Editorial
Sociedad
Algunas mujeres manifestándose el 8 de marzo del año pasado
¿Es realmente necesario salir a manifestarse según cómo está la situación sanitaria?
El movimiento feminista del 8M ha detonado un debate en la sociedad del que algunos de los partidos políticos más importantes están tratando de beneficiarse. Mientras varios políticos lanzan mensajes animando a acudir o no acudir a las manifestaciones en plena pandemia, están actuando de manera irresponsable  en algunas de las decisiones que toman. 
 
La polémica comenzó cuando la Ministra de Igualdad, Irene Montero, divulgó un mensaje en sus redes sociales llamando a la población a participar en este día tan importante y con tanta repercusión en los últimos años. Un mensaje que muchas personas discutieron dado el momento que vivimos, pero también porque desde el Gobierno no se ha permitido, por ejemplo, acudir el día de Navidad a cenar con tu familia si en la mesa se superaba el número de 6 personas. Y como no podía ser de otra forma, esto ha abierto un tema que merece estudio y atención, pues el ministerio ha permitido las manifestaciones en grupos de hasta 500 personas. ¿Por qué yo no puedo ir a cenar a casa de mis padres si somos 7 personas cuando había 9900 contagios al día, y ahora que hay 9200 se permiten mítines de hasta 500 participantes? Parece obvio que, por lo menos, se genere un debate en la sociedad.
 
Pero claro, por otro lado está VOX. Partido desde el que se acusó a Irene Montero de promover y defender una manifestación en plena crisis sanitaria, mientras por otro lado defendían y realizaban mítines políticos en otras ciudades, los cuales atraen a un alto número de personas por igual. Y esto también desata, con razón, la opinión y la duda de muchas otras personas. ¿Entonces se posicionan en contra de las manifestaciones que no les gustan, pero permiten y apoyan las que les convienen?
 
El problema pasa por donde siempre, dos argumentos contrarios que cogen fuerza en la comparación sobre cuál es peor, mientras que no se quieren dar cuenta que quizás ninguna de las opciones barajadas es correcta. Todo vuelve a convertirse en un pulso de cabezonería e irresponsabilidades con y hacia la sociedad en la que vivimos. Pero parece que los dirigentes políticos en este país no son capaces de sentarse como adultos a resolver los problemas que atacan a nuestra sociedad, lo que tampoco es nada nuevo. 
 
Al final, cada vez que sucede algo parecido, los responsables del Gobierno de España y de las Comunidades Autónomas dejan ver pequeños detalles que demuestran que quizás no hay nadie a la altura, ni para debatir y abrir su mente a ideas nuevas de otras personas que no piensen como ellos, ni para representar a la mayoría de población de este país. 
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