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El aterrizaje forzoso de Ryanair

Crónica
Internacional
Comparativa de tráfico aéreo 2019-2020
Comparativa de tráfico aéreo: jueves 26 de marzo de 2019 - martes 24 de marzo de 2020. CC BY-NC 3.0
Como fichas de dominó, estos días han caído una tras otra las intenciones de la empresa de Michael O’Leary que, por primera vez, tiene que sentarse y mirar por la ventana.

María Herrera Hernández

La pesadilla de Ryanair comenzaba el día 10 de marzo. Tras el “bloqueo” del gobierno italiano para evitar la propagación del Covid-19 en Italia, la compañía tenía en mente pedir disculpas electrónicas y volver a las pistas de nuevo. Pero la notificación por e-mail de la suspensión de vuelos, desde el viernes 13 de marzo hasta el miércoles 8 de abril, era solo el comienzo. El día 16, las autoridades sanitarias y nacionales pidieron que no se viajase a menos que fuese imprescindible y Ryanair se encontró canjeando vuelos y reembolsando el dinero a los usuarios.

La posición sin precedentes le está saliendo muy cara a la low cost, que desde entonces no ha parado de suspender su actividad. El 20 de marzo tenía que explicar que cumplía con las directrices dadas por la OMS y que estaba haciendo todo lo posible para ofrecer una comunicación cercana dentro de una situación que insta a alejarse. Aun así, en cuestión de días, aumentaron las quejas por la disposición de un teléfono con prefijo 902 para atender las preguntas de sus clientes. La aerolínea no responde a los usuarios y se dedica a pedir "paciencia y comprensión".

El mal sueño de Ryanair no termina y ahora parece que se encuentra a la deriva. De cara a la galería, hay comunicación con los pasajeros, pero no con las tripulaciones. Es un secreto a voces que la renovación de contratos no se va a producir. Los empleados se han encontrado en numerosas ocasiones a bordo de las repentinas decisiones de la empresa Crewlink que, encargada de contratar temporalmente en fase de prueba, ha optado por callar. Hasta el 31 de marzo ha continuado la actividad laboral y se teme la llegada en abril de los famosos correos electrónicos, emitidos una semana antes de informar que es hora de devolverle al Jefe de Base el uniforme y la chapa identificadora de Ryanair.

Tripulante RyanairMarko Kolovrat, número 2 de su tripulación, en el Aeropuerto de Berlín-Schönefeld. / PAULA LÓPEZ PÉREZ

Con el coronavirus, la compañía ha descubierto que número uno, número dos, número tres y número cuatro no es solo la manera de identificar a los tripulantes a bordo, sino una enumeración que ordena sus prioridades para encontrar soluciones en menos de un mes a esta crisis sanitaria. Una crisis que, literalmente, está en el aire.
 
 

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