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Sociedad sin amparo: La Cañada Real

Reportaje
Sociedad
Chabolas pertenecientes a la Cañada Real (Coslada).
A las afueras de Madrid, miles de personas luchan por una oportunidad rodeadas de droga, violencia y desolación. Es la Cañada Real, distrito que se extiende a lo largo de varios municipios y que durante treinta años ha estado abandonada. En el último lustro, los diferentes alcaldes de la capital han luchado por realizar un ejercicio de integración, pero es una tarea harto complicada. Ahora, y tras el desmantelamiento de Las Barranquillas, comienza el proceso de legalización. Coslada ya lo ha hecho, pero ¿qué ocurre con el resto? Esta es la situación real de tan inhóspito lugar.

Drogas, delincuencia, desesperación. Peor situación que en gran parte del resto de la Comunidad de Madrid. Y un pequeño recodo de esperanza. La Cañada Real, distrito madrileño, ocupa 107 hectáreas y más de 14 kilómetros de longitud, atravesando los distritos de la Villa de Vallecas y Vicálvaro y los municipios Coslada y Rivas-Vaciamadrid.

Tramo de la Cañada Real perteneciente a Coslada (en rojo).

Este poblado chabolista que surgió hace treinta años tiene su origen en un asentamiento ilegal de personas que no tenían un lugar donde vivir. Con el paso del tiempo, la marginalidad se convirtió en el centro de sus vidas. Consumir o traficar con sustancias prohibidas y delinquir parecieron convertirse en ‘condición sine qua non’ para forma parte de este lugar.

Mercado de la droga

Quizás uno de los mayores problemas de la Cañada Real. Desde hace unos años, la zona se ha convertido en destino de todos aquellos que quieren comprar o consumir drogas. Los vecinos, asustados, han pedido ayuda insistentemente debido al miedo de vivir rodeados de jeringuillas. Entre otras cosas, denuncian que los bidones con brasas o las hogueras en las puertas de las chabolas indican los puntos de venta de, sobre todo, heroína.

La Cañada Real está dividida en sectores, siendo el sector VI el más preocupante. Éste empieza en la A-3, termina en Getafe y se le conoce popularmente como ‘Valdemingómez’. Es quizás el tramo donde se concentran tanto más droga como más acciones sociales para evitarla o, al menos lograr que su consumo no tenga consecuencias fatales para los drogadictos.

Con este objetivo se crearon las ya famosas ‘narcosalas’. En el año 2000 se instaló la primera, la de Las Barranquillas. Estos son centros para que los drogodependientes consuman con la menor cantidad de riesgos posibles. Sin embargo, ésta fue cerrada a comienzos del 2012 por el desmantelamiento de la zona, amparado en el Plan de Erradicación del Chabolismo del Ayuntamiento de Madrid.

Delincuencia y desamparo

La situación de esta zona disparó los índices de violencia en la parte de la Cañada Real afectada por la droga. Los coches de policía no patrullan individualmente. Siempre hay un gran despliegue de medios en la zona, sabedores de que la situación se les puede ir de las manos de un momento a otro. Uno de los agentes nos cuenta su parecer: “La situación mejoró con el desmantelamiento de Las Barranquillas, pero hay que andarse con cuidado. Mucho enfermo por la droga, muchos delincuentes que establecieron su base aquí. Desguaces ilegales, gente que se aprovecha de ellos. Es una situación difícil”.

Además, y sin ir más lejos, los servicios de recogida de basura tienen que ir acompañados de cinco patrullas por miedo a lo que les pueda pasar. No es un miedo provocado por agresiones físicas, es algo más. “Ese sitio es horrible. No solo es la droga. Tenemos miedo de que nos claven una jeringuilla y nos peguen algo”, afirma un trabajador de este servicio.

Esperanza e integración en Coslada

Aun así, hay futuro. Alberto Ruiz Gallardón, cuando todavía era alcalde de Madrid, avisó de que había que controlar la situación si no querían que se les fuese de las manos. Y tras eso, llegó el desmantelamiento de la parte más conflictiva de la zona. En la actualidad, el presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, se ha comprometido a hacer de la Cañada Real un lugar habitable, plagado de zonas verdes y en la que la analfabetización y la marginación sea un problema del pasado.

Coslada, sin ir más lejos, afirmó su intención de legalizar todo el tramo incluido dentro de su municipio con el fin de facilitar la vida de esos habitantes. Con ese fin, ha favorecido la pavimentación de calles y el alumbrado público, pero la integración no ha hecho más que empezar.

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