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Padre, hijo y espíritu socialista

Opinión
Nacional

El PSOE nos ha querido engañar, y nosotros hemos sido crédulos creyentes, atendiendo siempre las señales de que se trataba de un partido ajeno a la religión. La misma cara bonita de Pedro Sánchez había prometido revisar el concordato con la Santa Sede para separar más firmemente la iglesia y el Estado. Bulas, y no de las papales. Puede que quieran separar a Iglesias del Estado, pero no parece que a la iglesia. Al fin y al cabo, esta semana nos hemos dado cuenta de que la religiosidad de los socialistas está tan interiorizada que incluso su organigrama en Madrid responde a una Santísima Trinidad.

 

Porque en las alturas tenemos al Padre, o sea, a Pedro. Un Padre creador que ha rehecho al partido en seis días y luego se ha echado a reposar en lo que Jean-Pierre Jeunet podría titular como un “largo domingo de descanso”. Eso sí, ha hecho apariciones frente a profetas como San Jorge Javier, guardián de las llaves de Telecinco, o San Jordi, caballero del periodismo dispuesto a enfrentarse a aguerridos dragones. A través de ellos y otros más ha tratado de comunicar su mensaje de concordia y paz. Es cierto, es un mensaje que parece informe y vacío, pero se debe a que se nos revela a través del indescifrable lenguaje que impregna las palabras más crípticas dejadas por o San Malaquías. Nosotros, como fieles creyentes, debemos tener fe.

 

Pero el Padre, o sea, Pedro, no nos aporta solamente la luz de su rostro y unas palabras de salvación con la idea de que cantemos sus alabanzas. También ha actuado cuando ha sido necesario, con la inmisericordia propia del Dios del Antiguo Testamento, cuando sus hijos socialistas se hubieron descarriado. Sin ir más lejos, pecadores como Eduardo Madina, Odón Elorza, Manuel de la Rocha o Laura Seara, habitantes de unas Sodoma y Gomorra de la indisciplina, se atrevieron a cuestionar el pacto con el anticristo Rajoy. No sabían que, cuando se trata de combatir a los infieles, Dios y el Diablo se dan la mano cariñosamente. Debieron haber escuchado aquel viejo adagio de los creyentes que dice “los caminos de Sánchez son inescrutables”. Por su osadía, el Padre, o sea, Pedro, envió sobre sus cabezas una lluvia de fuego y azufre en forma de disciplina de partido que silenció de una vez y para siempre tamaña insolencia.

 

Desde la distancia vislumbramos también al Hijo, Tomás Gómez, a quien deberíamos bautizar ya como el Hijo Caído. Debía ser el emisario del Altísimo y Guapísimo para perdonar a la tierra madrileña por sus pecados derechistas y acogerla en el seno del recto camino del socialismo. Incluso había profetas que vaticinaban su triunfo, como Antonio Hernando, que subido al sagrado monte de su atril como portavoz socialista en el Congreso se atrevió a entrever un futuro en el que el Hijo Caído se mantendría en el PSM y sería firme candidato para gobernar la Comunidad. La predicción se demostró errada en apenas un día, tal vez porque Hernando no estaba en perfecta comunión con el Padre, o sea, Pedro. La realidad es que las vías del tranvía de Parla han tomado la forma de una cruz que Gómez no ha podido soportar mucho tiempo más. Ahora es un mártir del socialismo que espera resucitar al tercer día, aunque tenga que regresar por el mundano camino de los tribunales.

 

El tercero en discordia es el Espíritu Socialista personificado, Antonio Miguel Carmona, que ha trascendido su forma corpórea y ahora es capaz de hallarse en todas partes. Por aire, bus y moto, el candidato a alcalde socialista es capaz de aparecerse como refuerzo de los bomberos al mismo tiempo que para un desahucio gracias al milagro de la omnipresencia que le es concedido por la gracia de la precampaña. Tal es su capacidad de encontrarse en todos los lugares, que lo mismo se encuentra al lado del Hijo en el momento de su martirio que procura no distanciarse del Padre, o sea, de Pedro, para seguir estando iluminado bajo la luz de su rostro. Siempre fiel al rumbo que los vientos del socialismo sigan en cada momento, quizás ahora el Espíritu Socialista mire su brújula y no sepa a dónde dirigirse, pero sabemos que estará allí donde le necesiten. Y también donde no.

 

El inconveniente de imitar tan fielmente las creencias católicas para el PSOE es que el socialismo no puede ser uno y trino, porque su objetivo es dirigirse a un único lugar, al poder, y sin embargo parece que estén llegando a un punto en que se escucha, más cerca que lejos, a los músicos del Apocalipsis tocando una melodía nada aciaga. No obstante, el anticristo Rajoy no encuentra la habilidad para seducir al electorado con sus malas artes. Los cuernos del Diablo apenas envisten hacia delante sin mirar a su alrededor, sin ni siquiera pararse para nombrar un representante en Madrid, avanzando inexorables, con la esperanza de que la fuerza de la inercia le haga subir y no tropezar. Mientras, hay una nueva presencia sinuosa que avanza reptando hasta la Moncloa ofreciendo manzanas, algunas quizá podridas. Pero no se trata de una serpiente, sino de una coleta. Y ante semejante enredo de proporciones bíblicas, no sería de extrañar que el ateísmo ganase adeptos.

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