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Los héroes olvidados

Entrevista
Internacional
Trajes divisionarios/ Museo división Azul | Fuente: propia
El lugar elegido para la entrevista es el Museo de la División Azul, situado en Alonso Cano. Sobre las seis de la tarde, en un día lluvioso, llega al museo Antonio González, un especialista sobre la División Azul, y con motivo de dar a conocer aspectos de la historia de España a los que no se les da tanta importancia como a otros se presta a la entrevista. Tras una larga espera, en una sala apartada del museo, aparece Antonio con un gesto tranquilo y sosegado. “Tú dirás”, comienza Antonio.

El especialista explica que la División Azul “fue una contestación de la España de la época a la  participación soviética en la guerra civil, que estaba muy reciente. Entonces, con intención de devolver esa visita, España pidió voluntarios”.

En junio de 1941 Hitler lanzaba la Operación Barbarroja, con la que invadía la Unión Soviética. Un mes después, 50.000 voluntarios, tanto militares como civiles, partieron al frente ruso a luchar hombro con hombro con la Alemania ‘nazi’ frente al comunismo. La División Azul, llamada así por el azul de la falange, estaba integrada  por  “muchos tipos de personas con muchos tipos de motivaciones. En su mayor parte, esas motivaciones eran esa respuesta a la visita de la Rusia comunista en la Guerra civil.”, dice González.  “Todos los integrantes de la división eran voluntarios, no había nadie obligado porque realmente quien así lo deseara podía darse de baja en cualquier momento”, aclara Antonio.

Aquellos voluntarios, unos con experiencia militar y otros sin ella, llegaron a Grafenwöhr (Alemania) entre el 17 y 23 de julio de 1941. Antonio relata que  “en Grafenwöhr dispusieron de un campo de entrenamiento para formarse”, que incluía campos de tiro o campos de deportes. En definitiva, era una especie de ciudad-campamento. En agosto, la división fue destinada al Frente Oriental, integrada en el Grupo de Ejércitos del Centro. Su destino era la ciudad de Smolensk (Rusia), para unirse al resto de ejércitos hacia el asalto de Moscú.

El 20 de agosto de 1941 comenzaron a partir los trenes con los españoles. Tras hacer 900 km a pie y a punto de llegar a Smolensk, el 24 de agosto tuvo lugar una contraofensiva soviética en Leningrado, en el norte de Rusia, “y entre las malas referencias que los generales alemanes tenían de los españoles y debido a que Hitler alteró los planes del asalto a Moscú, la División Azul fue trasladada al frente norte”, explica Antonio.

"Los soviéticos pensaban que la unidad menos fuerte eran los españoles''

Su nuevo destino era ahora Novgorod, al oeste del río Voljov. En este frente la división permaneció hasta agosto de 1942. En el frente norte destacó la Acción del lago Ilmen, en enero de 1942. En el sur del lago habían quedado cercados 543 alemanes. Entonces, para socorrerlos, se ordenó a la compañía de esquiadores españoles, formada precipitadamente, ir a rescatarlos. De los 206 esquiadores españoles que partieron 102 perdieron la vida, no sin antes cumplir el objetivo: los soldados alemanes pudieron romper el cerco. 

En agosto de 1942 la división fue trasladada a Leningrado (actual San Petersburgo) para reforzar el cerco de esta. En septiembre fueron trasladados a una línea que va desde Aleksándrova a Krasny Bor, donde tuvo lugar la acción más memorable de la División Azul. Antonio afirma que “Krasny Bor fue el intento de repetición de los soviéticos de conseguir hacer  otro Stalingrado”. Krasni Bor fue una batalla que tuvo lugar el 10 de febrero de 1943, cuando el sector del frente de Leningrado, defendido por la División Azul, recibió un ataque ruso.

El objetivo soviético era que las unidades que rodeaban Leningrado pasaran de ser cercadoras a ser cercadas. “Los soviéticos estuvieron estudiando las unidades que en esa época estaban allí y ellos pensaron que la unidad más débil que estaba eran los españoles, porque no eran alemanes. Querían hacer igual que en Stalingrado, donde rompieron por la línea más débil que eran los rumanos. Y ahora aquí pensaban hacer lo mismo. A pesar del bestial empuje los españoles resistieron”, dice Antonio. La batalla fue un fracaso soviético, pues el frente solo retrocedió pero no se rompió. Los españoles sufrieron 2.500 bajas, pero el Ejército Rojo sufrió 10.000. La mitad de los muertos de la División Azul cayeron en esta batalla.

Batallas como la de Krasni Bor hicieron que la División Azul se ganara la gratitud y el respeto de los alemanes. “Aunque –continua Antonio- hubo un tipo de generales más clasistas, tal vez muy nazis, muy de superioridad de la raza, que consideraban a los hispanos, los latinos y los mediterráneos inferiores”. El que si cambió de opinión fue Hitler, que reconoció públicamente en un discurso la bravura con la que luchaban los españoles. “En ese aspecto, la división nunca hizo nada que dejara en mal lugar a España delante de los alemanes”, confirma Antonio.

“La División Azul fue una de las grandes gestas de la participación española en una campaña exterior''

“En octubre de 1943 se recibieron órdenes de repatriar la división, pero por compromisos con los alemanes, España no podía desaparecer de la noche a la mañana. Entonces mantuvieron una pequeña unidad: la Legión Azul, formada por unos 3.000 hombres”, explica Antonio. Esta legión estuvo hasta marzo de 1944, fecha en la que se ordenó la repatriación de la unidad. Antonio hace un especial énfasis en que “muchos españoles tras la disolución de la Legión Azul decidieron seguir combatiendo y se enrolaron en el ejército alemán. Del mismo modo que hubo españoles que por sus ideales, más de derechas, decidieron cruzar la frontera para  ir a Alemania, y luego allí ingresar en unidades”. En el “mare magnum” de los movimientos de esa época había de todo.

La división finalizó la campaña en la estepa rusa con un resultado de 5.000 muertos y 300 prisioneros. De estos últimos murieron aproximadamente un tercio.” Los prisioneros españoles  estuvieron peor tratados en los gulags que muchos otros prisioneros, y debido a su nacionalidad no pudieron regresar a España hasta que no murió Stalin en 1953”, aclara Antonio. Este trato diferencial fue debido a que España era un país posicionado en contra de la Unión Soviética.

Tras el regreso de los divisionarios a España unos volvieron a sus quehaceres habituales, otros siguieron con su carrera como militares y otros llegaron a ser famosos escritores o famosos  directores de cine. Es el caso de Luis García Berlanga, que tras estar en la División Azul, se convirtió en un célebre director de cine, o de Luis Ciges Martínez, un gran actor del cine español. “Del mismo modo que hubo uno que era limpiabotas antes de la guerra y cuando terminó la campaña decidió seguir siendo limpiabotas”, cuenta Antonio.

“La División Azul fue una de las grandes gestas de la participación española en una campaña exterior. Un poco al hilo de otras que ha habido a lo largo de la historia de España como cuando fueron regimientos españoles a  participar en una campaña contra Rusia del lado de Napoleón. Sin embargo, ahora mismo podríamos decir que cae en el olvido. Incluso se les quiere quitar la calle. Algo que no me parece normal, ya que muchos de ellos murieron en Rusia, en los gulags. Y cuando encima ahora muchos de ellos ya han fallecido o son muy mayores y ya no pueden hacer oír su voz. Eso de dar unos honores y luego quitarlos pues no me parece muy normal”, sentencia Antonio.

Y es que a esta parte de la historia, como a tantas otras, hay que extraerle la parte política y tenerse en consideración únicamente la parte histórica. Para que en un futuro este grupo de “españolitos” que fueron a luchar voluntariamente en la estepa rusa no caiga en el olvido.

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